Qué visitar en Montpellier
Los principales atractivos de Montpellier se encuentran en un área de aproximadamente de 2,5km de largo y 1km de ancho. Es viable hacer el recorrido turístico más básico en un día, pero sugerimos tener al menos 2 jornadas para tomarlo con calma y poder incluir alguna visita más alejada, como la de su enorme zoo gratuito. Hagamos lo que hagamos, hay un punto de referencia que debemos tener claro: la Place de la Comédie, centro neurálgico de Montpellier.
Desde la Oficina de Turismo, situada junto al parque L’Esplanade, podremos comenzar nuestra ruta. En la Place de la Comédie destaca el edificio de la Opéra Comédie (1888), con una fachada muy similar a la Ópera de París, y frente a ella se encuentra uno de los símbolos de la ciudad: la Fuente de las Tres Gracias (1777). Las animadas terrazas de la plaza, donde se citan universitarios y turistas, son una buena opción para tomar algo, disfrutar de la vidilla de Montpellier y preparar un poco el recorrido. De todos modos, no planifiquéis demasiado… el casco antiguo es de esos en los que apetece perderse por donde a uno le venga en gana.


Uno de los lugares más coquetos del centro histórico es la Place Saint Roch (foto superior), frente a la iglesia del mismo nombre. En el interior de esta parroquia no hay nada especialmente destacable, pero la plaza, con las escalinatas y los curiosos murales de las casas contiguas, hacen que merezca la pena acercarse hasta allí. Cuando os canséis de callejear por la zona vieja os podéis encaminar a la Porte du Peyrou, un arco del triunfo de 1715 situado al final de la Rue Foch, donde abundan los palacetes del s.XIX. A continuación sugerimos dar un paseo por el parque de la Promenade du Peyrou. Al final de la esplanda, tras el monumento principal, podréis contemplar el Acueducto de San Clemente (o “Aqueduc des Arceaux”), construido en 1754.
Otra visita imprescindible en Montpellier es la Catedral de San Pedro. Como dijimos, la catedral fue consagrada en 1536, pero ya existía como iglesia adjunta a un pequeño monasterio desde 1364. Durante la Reforma sufrió daños tan severos que tuvo que ser reconstruida casi en su totalidad en el s. XVII. Nosotros tuvimos la mala fortuna de verla tras numerosos andamios, así que hemos tomado prestada esta foto de Flickr (de Wolfgang Staudt) para que podáis contemplar la belleza de su fachada. Por cierto, el edificio anexo que se ve a su izquierda es la Facultad de Medicina, que se enorgullece de ser la más antigua del mundo occidental aún en funcionamiento (desde 1220, aunque con un período de 100 años de inactividad y alguna refundación).

Muy cerca se encuentra el Jardín Botánico de Montpellier (1593), que no tuvimos el placer de conocer, pero que al parecer es uno de los más bonitos e importantes de Europa. De vuelta a la Place de la Comédie podemos hacer un paseo por el arbolado parque L’Esplanade y, si tenemos tiempo e interés, visitar el museo más importante de la ciudad: el Museo Fabre, con importantes colecciones de pintura, escultura y dibujo del s.XVII al s.XX. En aquel momento valía 6€ y creo que merece la pena si os gusta la pintura de esa época. Si el día os da para más, os proponemos un plan que podéis hacer perfectamente por la tarde: ir de compras por el centro comercial Polygone (si sois de hacer compras, que no es nuestro caso) y, sobre todo, pasear por el moderno barrio Antigone, obra del arquitecto catalán Ricardo Bofill.
La zona de Antigone se comenzó a edificar en 1977 y no se dio por finalizado el proyecto hasta el año 2000. Es un barrio muy singular y agradable, con una especie de interminable patio interior (casi 1km) que va desde el centro comercial hasta el río Lez. Si no estáis muy cansados, merece la pena llegar hasta el río echando un vistazo a las curiosas fachadas “neo-griegas”.
Para el segundo día de visita os sugerimos acercaros hasta el Montpellier Parc Zoologique. Aunque no somos muy partidarios de ver animales encerrados, hay que reconocer que en el zoo de Montpellier la mayoría de animales tienen espacios más grandes que en cualquier otro zoo que hayamos visto. Algunos tienen tanto espacio que se hacen difíciles de encontrar. Otros, por desgracia, carecen de tales privilegios (como los felinos, que están en espacios bastante pequeños comparados con el resto). El zoo es gratis y hará las delicias de los niños. Por último, si tenéis aún más tiempo, no está de más acercarse hasta alguna de las clásicas “follies“, antiguas casas señoriales rodeadas de jardines y fuentes. La más popular es el Château de Flaugergues. Tampoco tuvimos el placer de conocerla, así que si vais ya nos contaréis.







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